viernes, 31 de diciembre de 2010

Desde Guinea, África Occidental:


Les saludamos en el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, al cual sea la Gloria por los siglos de los siglos. Recibimos tres cajas llenas de 1.300 calendarios en francés y 400 calendarios en árabe. Es una contribución muy importante para el trabajo de nuestra misión. En nuestro trabajo de evangelizar a la gente entre las cuales vivimos, quienes en su mayoría profesan la fe musulmana, se aprecian mucho los calendarios de la SBT que llegan cada año y son distribuidos .

Muchos muchachos aquí sólo pasan algunos años estudiando en las escuelas muselmanes, en las cuales llegan a una comprensión básica del idioma árabe. Por lo tanto, el calendario en árabe es bien agradecido, también por parte de los jóvenes. 

La versión en el idioma francés va dirigida a quienes han obtenido algo de educación formal. Año tras año organizamos clases de alfabetización para lograr a tener un grupo que pueda leer las Escrituras traducidas a su idioma. Los que asisten a estas clases reciben un calendario como un incentivo. Mientras se visita a los pueblos uno puede ser sorprendido de encontrar los calendarios de la SBT de los cuatro años pasados colocados en las cuatro paredes de las salas de las casas. Según la época del año, estos calendarios pueden ser crujientes como hojas secas durante la estación seca, o enmohecidos durante la estación lluviosa, cambiándose lentamente al color café y deshaciéndose poco a poco por el efecto de las termitas hambrientas o por otros “visitas” molestosas. Puede que la apariencia exterior de algo vaya deshaciéndose poco a poco por causa de las condiciones severas del África Occidental, ¿Pero qué sucede con las cualidades internas de estos calendarios evangelizadores?

Una vez, mientras se estudiaba el idioma local con uno de mis profesores, otro amigo entró en nuestra sala de estudio. Él nos vio leyendo, y echó un vistazo por la sala. Él se interesó por el calendario en francés de la SBT, y comenzó a leer el texto: “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. Él me preguntó: ¿Qué significa“reconciliarse”? “Bueno”, le contesté, “imagínate que alguien te haya maltratado a propósito. Entonces tú estás legítimamente enfadado con él. La sabiduría africana ya le está diciendo que él debe buscar un mediador para resolver el problema entre ustedes dos, ¿no es cierto?

Ahora bien, este es el caso; la otra persona necesita estar reconciliado contigo pero no sin la ayuda de un mediador. Pues si él se atreve a venir personalmente a ti, puede que sólo se encuentre con tu cara enojada, y de ninguna manera el podrá alcanzar tu corazón (o el hígado, como dice el refrán en nuestra lengua local). Ahora, en este sentido, lee una vez más el texto?” Él permaneció silencioso por un rato antes de susurrar: “Ah, entonces por esoIsa al Masih’ tenía que ser sin pecado, pues si Él es nuestro Mediador, debe poder hablar con Dios, y eso sería imposible si Él fuera un pecador en sí mismo. Ahora yo comprendo.”